Decires duales de la selva frente al avance de la Modernidad.: Un enfoque ecocrítico en la novela La vorágine de José Eustasio Rivera (1924) y en el cuento ‟Anaconda” (1921) de Horacio Quiroga.

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Decires duales de la selva frente al avance de la Modernidad.

Un enfoque ecocrítico en la novela La vorágine de José Eustasio Rivera (1924) y en el cuento ‟Anaconda” (1921) de Horacio Quiroga.

Jeritza Durán

Romanska och klassiska institutionen Examensarbete 15 hp

Kandidatuppsats Spanska kandidatkurs

Kurs- eller utbildningsprogram (30 hp) /Programme (30 credits) Vårterminen 2021

Handledare/Supervisor: Azucena Castro

English title: Dual expressions of the Jungle against Modernity’s Progress. An Ecocritical Approach to the Novel The Vortex by José Eustasio Rivera (1924) and the Short story ‟Anaconda” (1921) by Horacio Quiroga.

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Decires duales de la selva frente al avance de la Modernidad.

Un enfoque ecocrítico en la novela La vorágine de José Eustasio Rivera (1924) y en el cuento ‟Anaconda” (1921) de Horacio Quiroga.

Jeritza Durán

Resumen

En el contexto contemporáneo de desaparición de los biotopos selváticos en América Latina, esta tesina tiene por objetivo reactualizar el estudio de las representaciones de la selva en la literatura de la selva latinoamericana en el contexto del choque entre Modernidad y naturaleza, con el avance de la ciencia y las actividades extractivas de los años 20. Con enfoque en las voces narrativas en el cuento “Anaconda” (1921) de Horacio Quiroga y en la novela La vorágine (1924) de José Eustasio Rivera, el estudio busca iluminar las elaboraciones literarias de las zonas selváticas misionera y amazónica, respectivamente. Partimos de la identificación de un problema que radica en una dualidad en las interpretaciones de este tema. Mientras una serie de estudios han propuesto que en la novela selva, género al que pertenece el corpus a pesar de ser uno un cuento, la selva se presenta como “infierno verde” (Rueda: 2003) para el ser humano, otros estudios actuales definen a la selva como “zona de contagios” (Andermann, 2018) entre ser humano y selva. Valiéndonos de perspectivas ecocríticas (Glotfelty, 1996;

Marcone, 1998; Gunnels, 2006; Arévalo Viveros, 2009; Camasca, 2020; Heffes, 2014, 2021),

en esta tesina analizamos cómo se articulan las representaciones de la selva en los dos textos, y

cómo se relacionan tales representaciones con el conflicto del choque entre Modernidad y

naturaleza. Como resultados principales, el análisis arroja que la selva se representa a través de

una personificación y antropomorfización, donde la voz narrativa le otorga características y

acciones humanas a las plantas en Rivera y a las víboras en Quiroga‒, donde la selva tanto se

muestra hostil o como víctima. Sin embargo, en esta representación, también encontramos

instancias de contagio mutuo, donde la naturaleza y el hombre actúan mutuamente con

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violencia. Asimismo, también observamos una nueva variante en estas representaciones de la selva relacionada con la apatía e indiferencia del ser humano hacia la naturaleza, y una reacción de la naturaleza relacionada con su enmudecimiento, lo cual implica que esta literatura de la selva de los años 20 puede aportar conocimientos necesarios para comprender la actual situación de desaparición de las selvas en América Latina.

Palabras claves

Selva, Modernidad, novela de la selva, La vorágine, “Anaconda”, ecocrítica

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Abstract

In the contemporary context of the disappearance of jungle biotopes in Latin America, this thesis aims to update the study of the representations of the jungle in the literature of the Latin American jungle in the context of the clash between Modernity and nature, in conjunction with the advances of science and extractive activities of the 1920s. From a focus on narrative voices in the short story "Anaconda" (1921) by Horacio Quiroga and in the novel La vorágine (1924) by José Eustasio Rivera, the study objective of the study is to illuminate the literary representations of the missionary and Amazon jungle areas, respectively. We start from the identification of a problem that lies in a duality in the interpretations of this topic. While a series of studies has proposed that in the novela de la selva, the genre to which the corpus belongs despite being a story, the jungle is presented as a “green hell” (Rueda, 2003) for the human being. Other current studies define the jungle as a “contagion zone” (Andermann, 2018) between human beings and the Jungle. From an ecocritical perspective (Glotfelty, 1996;

Marcone, 1998; Gunnels, 2006; Arévalo Viveros, 2009; Camasca, 2020; Heffes, 2014, 2021), in this thesis we analyze the representations of the forest that are articulated in the two texts, and how such representations are related to the conflict of the clash between Modernity and nature. As the main results, the analysis shows that the jungle is represented through personification and anthropomorphism, where the narrative voice gives characteristics and human actions, to the plants in Rivera and to the vipers in Quiroga, where the jungle is so hostile or as a victim. However, in this representation, we also find instances of mutual contagion, where nature and human beings act violently towards each other. Likewise, we also observe a new variant in these representations of the jungle related to the apathy and indifference of the human being towards nature, and a reaction of nature related to its silence, which implies that this literature of the jungle of the 20s can provide the necessary knowledge to understand the current disappearance of forests in Latin America.

Keywords:

Jungle, Modernity, novela de la selva, La vorágine, “Anaconda”, ecocriticism

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Contenido

1. Introducción ... 1

1.1. Preguntas de investigación ... 5

2. Estado de la cuestión ... 5

3. Marco teórico ... 9

3.1. La novela de la selva ... 9

3.2. La selva en la ecocrítica ...10

3.3. De la antropomorfización y personificación de la selva a los contagios entre humanos y no humanos ...13

4. Material y método ... 14

5. Análisis ... 17

5.1. Decires del infierno verde - La selva amazónica en La vorágine ...17

5.1.1. Sangrar la selva y que la selva lo sangre a uno ...17

5.1.2. Del imaginario cultural dual de la selva a su enmudecimiento ...19

5.1.3. Acercamiento entre ser humano y selva ...20

5.2. Alianzas viperinas - El caso de la selva misionera en “Anaconda” ...22

5.2.1. Personificación o antropomorfización en la selva misionera ...22

5.2.2. Contraste de poderes y alianza transespecie en la selva misionera ...24

5.2.3. El pie humano pisando la cabeza de la serpiente ...26

6. Conclusión ... 27

7. Bibliografía ... 30

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1. Introducción

—¿Por qué me desangras?, suspiró una voz desfalleciente. Yo

soy tu Alicia y me he convertido en una parásita.

La vorágine, José Eustasio Rivera, 1924

Con el creciente avance de la deforestación en los biotopos selváticos en América Latina para hacer lugar para la actividad económica usando los recursos naturales tropicales

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, en el contexto de los estudios literarios, se reactualiza el estudio de géneros como la novela de la selva que retrataban el avance de las actividades económicas sobre las selvas latinoamericanas en los primeros decenios del siglo XX. Según Britland (2019: 330), la novela de la selva, un género literario que elabora y retrata la selva formada entre los años 20 y 40, se caracteriza por presentar a la misma naturaleza selvática como el escenario en el cual ocurren diversas aventuras de seres humanos. En su mayoría, estas aventuras peligrosas están protagonizadas por un personaje masculino proveniente de zonas urbanas, lejanas a la selva que se interna en este escenario verde para desarrollar actividades económicas y extractivas

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. La repetición de estas características configura una estética propia de la novela de la selva, que podemos percibir en dos obras paradigmáticas dentro del género, a saber, la novela La vorágine (1924) del escritor colombiano José Eustasio Rivera y los Cuentos de la selva (1918), y en particular el cuento

“Anaconda” (1921) del escritor uruguayo Horacio Quiroga. En los dos relatos, como mostró la crítica, se enfatiza la selva como personaje principal y como el hábitat central en contraposición a la Modernidad occidental entendida como el conjunto de dinámicas destinadas a producir progreso científico y económico, pero que también producen desastre ecológico y social. En efecto, en el caso de la selva en estos textos, este medioambiente ha constituido “una especie

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Esta información sobre la creciente tasa de deforestación en los países latinoamericanos puede leerse en los informes y estadísticas de la agencia Global Forest Watch:

https://www.globalforestwatch.org/blog/es/data-and-research/datos-globales-de-perdida-de-cobertura-

arborea-2019/

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A lo largo de este estudio uso términos como extractivo y extractivismo como denominación de actividades

que consisten en exprimir o arrancar partes del medioambiente selvático, ya sean animales o plantas para

la actividad mercantil o económica, por lo tanto, se trata de una explotación colonial. La definición que uso

de extractivismo proviene de Svampa (2019), quien también agrega que el extractivismo continúa en su

fase actual de neoextractivismo con una renovación de sus dinámicas de “acumulación de la capital basada

en la presión sobre los bienes naturales, las tierras y los territorios” (12) que derivó en movimientos de

resistencia.

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de frontera o de límite con respecto al avance de la Modernidad occidental” (Ordóñez Díaz, 2016: 7).

Es así como Camasca (2020: 105) afirma que la literatura de la selva refleja los choques que la naturaleza sufre con la Modernidad, donde el hombre ha venido despojándola indignamente, y donde se refleja la distancia que el hombre siente espiritualmente con respecto a ella. La única cercanía que propone el modelo moderno es la de un interés lucrativo relacionado con la extracción de materiales, como se retrata en La vorágine (Camasca, 2020: 105). Es por esto que, según explica la crítica (Rueda, 2003: 36), la literatura de la selva personifica o antropomorfiza la naturaleza con el fin de criticar todos estos acontecimientos sufridos por ella, estableciendo un paralelo con los sentimientos humanos, donde la selva expresa y muestra lo que siente y piensa con el objeto de sensibilizar al lector. Sin embargo, más recientemente, otro abordaje de esta literatura de la selva desde la estética medioambiental argumenta que el acercamiento a la selva en la literatura de la época de Rivera, Quiroga y Guimarães Rosa, no tiene que ver con una personificación o antropomorfización de plantas y animales, sino que más bien se trata de “alianzas, mutaciones y contagios” (Andermann, 2018: 28) que se hacen visibles por primera vez en los cuentos de la selva de Quiroga en el siglo XX. En esta última perspectiva, la representación del medioambiente selvático en esa literatura de la selva articula una zona de frontera donde se renegocia constantemente el borde que divide lo humano de lo no humano, produciendo acercamiento transespecie, lo que Andermann (ibíd., 192) llama “postnaturaleza”.

Partiendo así de estas dos visiones duales que muestran dos ángulos, si se quiere distintos, sobre la representación de la selva en la literatura de la selva, donde nos enfocamos en La vorágine y en “Anaconda”: o bien como personificación y antropomorfización, o bien como alianzas y contagios, en este estudio pretendemos reactualizar la problemática de la elaboración de la literatura del hábitat selvático, el encuentro entre humanos y selva y el choque entre las lógicas modernas a las zonas selváticas en la literatura de la selva, justamente en un momento en que, como expuse anteriormente, las selvas latinoamericanas están sufriendo una desaparición y destrucción sin precedentes.

En este estudio literario nos enfocamos en la representación de la selva en la literatura de los

años 30 y 40 para analizar cómo el hábitat selvático es arrasado por las dinámicas de la

Modernidad. Para ello, nos concentramos en las obras “Anaconda” y La vorágine

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sumergiéndonos en el fenómeno de la selva que vamos a estudiar como un medioambiente ficcional en tanto que es creado en esta literatura regionalista

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.

La selva latinoamericana ha sido blanco del mundo occidental para la obtención de recursos naturales como materia prima, y en este contexto, una de estas actividades de explotación de la naturaleza en auge en el periodo de publicación del corpus ha sido la explotación del caucho.

Esa dinámica genera roles de objeto explotado y sujetos explotador y esta dinámica ha sido un tema central en la novela de la selva. Según Rueda (2003: 36-38), esta disputa entre naturaleza selvática explotada y Modernidad explotadora se ve reflejada principalmente a través de la personificación de la naturaleza, en la que a la selva se le otorgan voces, aplicándosele adjetivos que pretenden humanizarla, ya sea concediéndole la voz en primera persona o en tercera persona. Esta práctica narrativa, según la perspectiva ecocrítica, tiene el fin de acercar el ser humano a la experiencia de la naturaleza, no solamente para visibilizar ese medioambiente, sino también para concientizar al ser humano y eventualmente promover una actitud activista y respuesta ética que disminuya el estatus de vulnerabilidad de la naturaleza selvática (Heffes, 2014: 19). Este afán ético y activista y de concientización es causado por las atrocidades cometidas en la selva latinoamericana por parte del ser humano y del avance de la maquinaria de la Modernidad occidental contra seres humanos (comunidades indígenas y campesinas) y no humanos

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que en ella habitan.

Selección del corpus

Hemos seleccionado las obras narrativas de Rivera y Quiroga para nuestro análisis porque consideramos que, siendo paradigmáticos ejemplos de la novela de la selva, las dos visualizan de manera explícita el choque de la Modernidad introducida por los humanos y su actividad económica extractiva contra la selva. Mientras La vorágine se ambienta en la selva amazónica,

“Anaconda”, tiene lugar en la selva misionera. En las dos se ve involucrado al hombre (blanco y ajeno a la selva) que se interna en ese medioambiente para sacar provecho de la naturaleza y

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La novela de la selva, así como la novela de la tierra suelen ubicarse dentro del llamado “regionalismo” en América Latina, que consiste en narrativas que abordan en especial las durezas de la vida en “la frontera de la expansión capitalista” (French y Heffes, 2021:126, mi traducción), donde esta frontera se retrata como un lugar brutal fuera de la ley, y donde es posible arrasar con las vidas humanas y no humanas “para maximizar las ganancias a toda costa” (ibíd, mi traducción). Si bien, las obras del corpus en tanto novelas de la selva se ubicarían dentro del regionalismo, el alcance de este estudio no me permite establecer una reflexión más profunda acerca de cómo se sitúan dentro de aquel movimiento con respecto a otras obras de la misma época.

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Entendemos lo no-humano como la “naturaleza” no humana (Heffes, 2019: s⁄n) y en este caso utilizamos

el término para referirnos a la selva, así como a las entidades de plantas de animales que la habitan.

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en los textos de los dos autores, los autores Rivera y Quiroga, se personifica la selva, puesto que esta tiene voces, se expresa y realiza acciones que podemos atribuir a los seres humanos.

José Eustasio Rivera ha dejado sin duda un legado importante para la literatura colombiana en su acercamiento literario a la selva con su novela La vorágine. Para presentar brevemente este material, podemos decir que la novela resalta principalmente la explotación violenta que golpeó a la cuenca amazónica durante el apogeo de la fiebre del caucho alrededor del siglo XX. A través de esta novela y del relato del personaje principal de la obra, que no es un habitante de la zona, sino un poeta proveniente de la capital, vemos las catástrofes ambientales que el negocio del caucho provocaba, así como los abusos hacia los grupos étnicos y comunidades locales, mantenidos en condiciones precarias e infrahumanas como obreros de dichas empresas instaladas en el corazón de la selva. Sin embargo, a pesar de expresar una denuncia (Rueda, 2011: 36), La vorágine tiene una remarcable ambivalencia en cuanto a los adjetivos que representan a la naturaleza. Vemos, por un lado, una selva percibida como un paraíso puro y virgen que despierta admiración. Por otro lado, la selva se presenta como misteriosa, espectral y empoderada, la cual siembra miedo y desasosiego en el personaje principal de la obra donde la selva se retrata desde una estética fantástica: “un espacio fantástico, imaginado en una biblioteca, concebido literariamente para saciar el hambre de unos lectores ansiosos de personajes demenciales, de episodios macabros y escenas de degradación humana” (Rueda, 2003: 31). Además, el encuentro entre modernidad y selva se presenta en el marco de la extracción del caucho en la cuenca amazónica, un producto altamente consumido no solamente en Colombia sino también globalmente, en el contexto de lo que se dio en llamar el boom exportador entre 1870 y 1930 (French & Heffes, 2021: 125).

“Anaconda” por su parte, que se emplaza en la selva misionera entre Argentina, Brazil y

Paraguay, denuncia los abusos a la selva por el hombre y las compañías extractivas al comienzo

del silgo XX, utilizando aspectos de la fábula donde los protagonistas son animales, en este

caso víboras y culebras, que tienen comportamientos que son claramente atribuibles a los

humanos, como la organización de un congreso casi sindical de ofidios para echar al grupo

humano de científicos que se instala en una casa abandonada en la selva. El cuento es parte de

una colección de cuentos de la selva que tienen como protagonistas a animales y al

medioambiente selvático. “Anaconda”, en particular, aborda las fuerzas que reúnen las

serpientes regionales yararás, culebras del monte una anaconda y cobras reales, quienes tienen

que aliarse para atacar y expulsar de la selva misionera a los hombres extranjeros que venían a

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la zona con fines científicos y económicos, pues habían construido un vivario con serpientes del lugar para estudiarlas y posiblemente con fines económicos.

Partiendo de los dilemas de interpretación que presentan las visiones duales expuestas anteriormente sobre la selva en estas dos obras, el objetivo principal de esta investigación es establecer cómo se representa la selva en las dos obras en el contexto del choque entre Modernidad y naturaleza usando el lente teórico de la ecocrítica. Los objetivos específicos son identificar cómo se configura la selva a través de la voz narrativa en las dos obras para retratar los conflictos entre la modernidad y la selva y de qué manera la selva puede pensarse como un lugar infernal o una serie de alianzas entre humano y no humano.

1.1. Preguntas de investigación

La investigación estará basada en las siguientes preguntas:

• ¿Cómo se representa la selva amazónica y la selva misionera en La vorágine y

“Anaconda” a partir de la voz narrativa de los relatos?

• ¿Cómo pueden interpretarse tales estéticas con respecto al conflicto del choque entre Modernidad y naturaleza que retratan estas obras a partir de la ecocrítica?

2. Estado de la cuestión

En esta sección presentamos los estudios anteriores que se enfocaron en la selva en La vorágine y “Anaconda” con el objetivo de describir el rico panorama crítico y ubicar nuestro estudio.

Uno de los críticos más influyentes en este campo, Marcone (1998: 304), analiza la novela de

la selva y propone que a través de los “retornos” de los protagonistas hacia la ciudad, las obras

muestran el encuentro de la Modernidad con el espacio natural configurado en las novelas. En

este contexto, Marcone (ibíd) analiza La vorágine y una serie de relatos de Horacio Quiroga,

aunque no se incluye “Anaconda”, como textos donde se evidencia el fracaso del sujeto

moderno, pues los personajes principales que penetran la selva para la extracción con el

propósito de expediciones científicas o para establecer industrias, en muchas ocasiones, tienen

resultados infructuosos.

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Por su parte, Rueda (2003: 32), aborda la selva, y en particular aspectos típicos de la novela selvática, entre las cuales sitúa la novela de Rivera en cuestión. Rueda indica que la novela de la selva nace a raíz de los cultivos caucheros en la región amazónica. Sin embargo, al menos en el caso de La vorágine, no tuvo impacto de apertura a un nuevo imaginario de la población en términos de recepción de la obra, con respecto a los acontecimientos aberrantes de la ambición del caucho en esta zona. Es decir, la gente ya para la época había formado una conciencia sobre dichos eventos, con lo que la llegada de La vorágine fue una afirmación a ese imaginario que ya se había establecido dentro de la población.

Rueda continua su crítica en torno a La vorágine, indicando las maneras en que Rivera humaniza la naturaleza. Según la crítica, este método de personificación concede a la selva el mostrarse como es, lo que siente y la condición de atropellamiento a la que la expone el ser humano y sus actividades (Rueda, 2003:38). En el caso de La vorágine, Arturo Cova, el personaje principal, le habla a la selva comparándola metafóricamente con la personalidad de una mujer, con lo que Rueda propone una interpretación desde el género. Una esposa que está en silencio, posiblemente por su condición de maltratada, violada, saqueada y al mismo tiempo la rodea una serie de mitificaciones y, entre ellas se la compara con la madre. Posteriormente, Rueda expone un ejemplo de cómo esta estrategia es revelada en La vorágine:

—¡Oh selva, esposa del silencio, ¡madre de la soledad y de la neblina! […]

(Rueda, 2003: 39).

Estos epítetos para llamar a la selva, madre y esposa refuerzan la teoría que Rueda pretende mostrar con la personificación de la selva y sus atributos femeninos. Aún en otro acercamiento, Britland (2019) sostiene que la novela de la selva representa a la naturaleza como la protagonista de la trama (2019:330), donde a la selva se le otorgan voces con el fin de conectar la naturaleza con el hombre y despertar en él empatía estableciendo un paralelismo entre las emociones de la selva y las humanas. Esta crítica argumenta que La vorágine es el prototipo de la novela de la selva y se enfoca en el viaje del sujeto citadino a la selva donde encuentra diversas aventuras y peligros (Britland, 2019: 333). Britland sustenta esta visión de la aventura en la selva, analizando las diferentes atapas de Arturo Cova, el personaje principal de la obra de Rivera, en tanto que amante que huye de las presiones sociales, los altercados con Barrera por Alicia, entre otros.

Por otro lado, Andermann (2011: 156) utiliza el concepto de “relatos de metamorfosis” para

referirse a obras como las aquí estudiadas como novela de la selva, y argumenta que en estos

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textos configuran límites fluidos entre los géneros y las especies. En este punto, Andermann (ibíd.) define la metamorfosis como una zona perteneciente a la literatura latinoamericana que se ocupa no solamente de mostrar lo que se narra sino también de reimaginar cómo la narración está representada, es decir, desafiar el marco del relato. Así, propone que la literatura de la selva consiste en relatos que atacan los marcos de los géneros literarios y revelan la problemática de la modernización en los lugares protagonistas por dichas narrativas caracterizados por el capitalismo reflejado en esta región (2011: 156). Asimismo, como expusimos en la introducción de la tesina, en su libro más reciente sobre arte, naturaleza y paisaje, Andermann (2018) amplía esa perspectiva de relatos de metamorfosis para argumentar por una interpretación de la literatura de la selva como “bio-zona de contacto” (Anderman, 2018: 192), donde se producen contactos entre humanos y no humanos a partir de “de escasez, de contaminación, de contagio”

(Andermann, 2018: 193).

Finalmente, Molina Ricaute (2014) aborda La Vorágine teniendo en cuenta el contexto de violencia que se reproduce en la cuenca amazónica. Para el intelectual, la violencia es un fenómeno que en el caso de Colombia ha impactado en gran parte de la historia de ese país y, por ende, en especial, en la selva, pues según esta crítica, La vorágine muestra con claridad la violencia a la que la naturaleza ha tenido que enfrentarse a manos del ser humano (2014: 206).

Al mismo tiempo este acercamiento a la selva indica que hay una paradoja en el imaginario del ser humano respecto a la naturaleza, y lo que esta a su vez representa para él simbólicamente en términos de libertad: un espacio donde todo parece posible, pero que esa libertad conlleva la destrucción del hábitat. En cuanto a la paradoja mencionada, Ricaute (2014) alega que, en la novela, los protagonistas parten de la capital hacia la naturaleza con el fin de encontrar esa libertad que tanto buscan, empero, encuentran en el camino una serie de acontecimientos que cohartan esa libertad. El mismo protagonista lo expresa en una de las páginas de la novela, donde a la selva se la ve como una cárcel verde (Rivera, 1924: 117). El crítico mencionado agrega que este sentimiento se debe a la existente vida angustiosa que la selva lleva, donde no hay ley, una selva enfurecida y cansada que termina por devorarse a los protagonistas de la trama.

En cuanto a los acercamientos críticos dedicados en exclusiva a Horacio Quiroga y su obra

“Anaconda”, Arévalo Viveros (2009) manifiesta desde una crítica ecológica, que este cuento

adquiere la función de acercar al ser humano de la naturaleza, para sensibilizar su espíritu en

vez de verla como un ser a la que es posible y menester explotar, proponiendo con ello una

necesidad mutua de alianza dinámica entre selva y ser humano, lo que tiene puntos en común

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con la crítica de Andermann (2011, 2018) expuesta anteriormente . Sin embargo, en las obras de Horacio Quiroga, entre ellas “Anaconda”, al hombre se lo ve como enemigo, el aniquilador que provoca los infortunios que la naturaleza sufre y el asesinato de las víboras. No habría así cooperación, sino más bien destrucción entre los dos, donde el uno ataca y el otro para defender sus derechos. A esta dimensión, Arévalo Viveros (2009) la califica como el decir humano (Arévalo Viveros, 2009:123), el discurso humano y de la sociedad, contrapuesto al decir de la selva.

Por otro lado, están las voces o murmullos como él mismo dice, de la selva materializada en sus habitantes autóctonos no humanos. Esta crítica toma en cuenta el trasfondo de Horacio Quiroga quien aprendió a escuchar y conocer esas voces de la selva misionera durante el tiempo vivido en la zona, lejos de las voces que el solía escuchar del resto de una humanidad urbana (ibíd., 131).

En otro orden de ideas, existen otras corrientes que también procuran enfatizar la relación de la naturaleza con el hombre basándose en el cuento de “Anaconda”. Martín Ezpeleta y Echegoyen Sanz (2020) presentan un camino innovador, teniendo como objetivo cambiar la perspectiva que el hombre tiene hacia la naturaleza. Lo interesante de esta práctica, es que, los profesores realizaron una lectura de “Anaconda” con sus estudiantes e introducen una discusión basándose de la disciplina ecocrítica, donde el cuento es usado como herramienta didáctica para despertar ideas actuales. Los profesores investigadores argumentan que, en este sentido ellos consideran que la ecocrítica es fundamental en la educación y lo compara con la relación estrecha de la literatura con la sociedad (2020: 86). De este modo, el cuento de Quiroga no es interpretado en términos de guerra y brutalidad solamente sino como forma de solidaridad y alianza para pensar formas más sostenibles de cohabitar la selva que traspasan el contexto de escritura y publicación de la obra literaria.

En conclusión, como vemos en el amplio estado de la cuestión, los estudios que abordaron las obras del corpus, La Vorágine y “Anaconda” ‒que son más numerosos con respecto al primer texto se han enfocado mayoritariamente en el personaje humano principal, en sus ideas y retornos a la selva (Marcone, 1998), en los personajes humanos desde una perspectiva de género (Rueda, 2003; Britland, 2019), en el retrato de la violencia (Molina Ricaute, 2014). Sin embargo, una parte de esta crítica también se enfoca en las alianzas interespecie entre el ser humano y el medioambiente selvático (Andermann, 2011, 2018; Arévalo Viveros, 2009) y en las relaciones de solidaridad entre humano y selva (Martín Ezpeleta y Echegoyen Sanz, 2020).

Si bien este estudio se inspira en estos trabajos anteriores que ya abordaron las obras en cuestión

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y el enfoque elegido en este estudio, también pretendemos iluminar un aspecto nuevo de la representación de la selva a la luz de los dos abordajes o decires duales de estas literaturas de la selva, a saber, el de la personificación o antropomorfización de la selva y la perspectiva de las alianzas y contagios.

3. Marco teórico

En este apartado presentamos el marco de la ecocrítica de la que nos valdremos para abordar las obras y explorar las preguntas de investigación planteadas acerca de cómo se representan ambas selvas y de qué manera estas representaciones generan una crítica al arrasamiento de la selva por la Modernidad.

3.1. La novela de la selva

Consideramos pertinente definir más detenidamente la novela de la selva puesto que situamos el corpus de análisis dentro de este marco genérico y presentar las relaciones contextuales que establece con la explotación extractiva de la selva en el boom exportador que es el marco histórico donde este género surge.

Este género de la literatura emerge especialmente al principio del siglo XX cuando el apogeo del caucho se concentró en las tierras latinoamericanas (Rueda, 2003: 31). Es la explotación masiva de caucho en esas tierras lo que provoca el nacimiento de este género de la literatura, pues como proponen French y Heffes (2021):

[t]he first decades of the twentieth century were one of the most devastating periods for Latin American environments and one of the richest and most productive for Latin American environmental literature (2021: 125).

La novela de la selva es relevante en nuestro estudio porque no solo muestra el choque que

representa la Modernidad y la naturaleza reflejada en las obras, sino también formas de

solidaridad entre humanos y no-humanos y en maneras de apelar a una conciencia

medioambiental en el lector. Britland (2019: 330) sostiene que la novela de la selva representa

la misma naturaleza como la protagonista en la literatura como estrategia para acercar al hombre

a ella, promover la cooperación con ella (la naturaleza) y despertar la sensibilidad. Por otro

lado, Rueda (2003:38) interpreta que la selva en este tipo de literatura se configura como

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infierno verde, concepto que, según ella, presenta a la selva como un ser hostil que posee un carácter propio, frecuentemente oscuro y tenebroso. Rueda da como ejemplo un extracto del cuento de Alberto Rangel donde a la selva se le ve personificada y habla en primera persona, la cual expresa el paraíso que un día era, cuando todo era ameno antes de la llegada de los extranjeros. Aquí podríamos deducir que refiere a los colonizadores y al mundo occidental. Es entonces que la misma selva, cuando se personifica y apropia una voz, se ve a ella misma como un ser violento que un día fue un paraíso terrenal, pero muestra un presente de brutal destrucción y pena. Tal la saga que cuenta la novela de la selva.

Por otra parte, la situación de la naturaleza latinoamericana no solo ha sido objeto de la novela de la selva con el fin de poner de relieve la destrucción de la naturaleza y posteriormente promover el cuidado de ella. Existen otras corrientes dedicadas a promover la misma estrategia de la novela de la selva. Neouzeilles (2002: 11) hace un estudio crítico sobre la naturaleza latinoamericana y su oscuro avenir dado a que esta ha sido blanco de explotación por parte del humano. La crítica insiste que este imaginario hacia la naturaleza rica en recursos, que genera una fuente monetaria, han sido el móvil suficiente para que desde la época de la colonización hasta la nuestra sigamos con tal visión (ibíd., 19). Esta visión compartida por Neouzeilles concuerda en especial con La vorágine, dado que la obra está reflejada por esta visión explotadora de recursos naturales de la naturaleza.

3.2. La selva en la ecocrítica

Como teoría literaria y cultural, la ecocrítica, que utilizaremos para abordar nuestro corpus, consiste en un acercamiento que permite observar y analizar las relaciones entre la literatura, el medioambiente en tanto espacio físico y la cultura, según una de las definiciones más difundidas de la crítica norteamericana por Cheryl Glotfelty (1996: xviii). Es decir, esta perspectiva estudia componentes como el papel que tiene el entorno físico que rodea un discurso literario, la representación de la naturaleza en expresiones culturales y la relación de esta con los humanos que están involucrados en la trama de la novela.

Asimismo, la ecocrítica pretende enfatizar las interconexiones entre naturaleza y cultura

(Glotfelty, 1996: xix). Desde una perspectiva ecocrítica se enfatiza la influencia mutua entre la

naturaleza y cultura desafiando la idea de dicotomía entre estas dimensiones. Asimismo, el

aspecto crítico permite examinar las acciones y el imaginario del hombre (cultura) impactando

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11

en la naturaleza, y asimismo cómo la cultura es impactada por la naturaleza (Glotfelty,1996:

xxvi - xxvii).

En el contexto latinoamericano, la ecocrítica es descrita por Gisela Heffes (2014: 11) como una disciplina relativamente nueva, en tanto emerge a fines del siglo XX, que se encarga del análisis de la relación entre literatura, cultura y medio ambiente, tomando en cuenta los espacios urbanos en America Latina así como las dinámicas entre lo rural y lo urbano que marcaron la historia de los cambios sociales en el siglo XX (Heffes, 2019: s⁄n).

Este campo, propone un abordaje de la literatura en tres niveles (Heffes, 2014: 12), donde el primer nivel se enfoca en cómo la literatura representa la naturaleza y en sus sentidos. En esta categoría se tiene en cuenta la geografía, las ciudades, las fronteras y todo lo que se puede ver en la naturaleza, como animales, plantas, ríos, entre otros.

El segundo nivel aborda no solamente la relación entre la naturaleza y literatura, recuperando artefactos culturales en los archivos culturales que hayan registrado rastros del daño ecológico en épocas anteriores. Además, busca darle relevancia a esos artefactos en la actualidad para sacar a la luz significados sobre la naturaleza que puedan sensibilizar a la población y estimular la toma de conciencia sobre la situación actual y el futuro que nos espera con el cambio climático.

Por último, tenemos el tercer nivel que profundiza en este fenómeno de manera teórica. Es decir, examina la relación entre el humano y la naturaleza y sus consecuencias a través de los elementos simbólicos que el humano construye para referirse a la naturaleza, con lo que se acerca a este referente de manera crítica (Heffes, 2014: 32). En este estudio nos concentraremos en la primera y en esta última perspectiva propuesta por el enfoque teórico, ya que analizaremos la representación de la naturaleza en las relaciones entre el texto literario y el espacio físico que se construye de manera ficcional, así como sus construcciones simbólicas, es decir, qué consecuencias tienen tales construcciones para entender cómo se piensa en determinada época la relación entre humano y no-humano.

Esta última instancia podría entonces corresponder con la dimensión que Neouzeilles (2002:

13) trata acerca de la relación del ser humano con el consumo y sus consecuencias. La escritora

e investigadora mencionada alega que hay varias representaciones de la naturaleza en

especialmente la latinoamericana cuyo imaginario en el mundo occidental se ha caracterizado

por lo natural, lo exótico y en cuanto al consumo alimenticio, se le ve como un lugar que provee

productos saludables. Neouzeilles da como ejemplo una de las mayores empresas exportadoras

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12

de banano hoy conocida como Chiquita, que produjo un imaginario del Caribe caracterizado por la figura de una mujer y conectado con sentidos como salud, alimento, territorio fértil para las plantaciones. También agrega que estas geografías en los confines de Occidente se construyen por tanto en el imaginario occidental como un lugar de escape y ocio vacacional.

Así, las relaciones entre el ser humano y la naturaleza latinoamericana se caracterizan por estar atravesadas por estos imaginarios modernos occidentales que separan naturaleza de cultural y que construyen el territorio en la región como un lugar extractivo. Por tanto, estas construcciones no son inocentes, sino que tales imaginarios persiguen factores políticos, culturales y estéticos que la crítica literaria debe desvelar (Heffes, 2014: 27).

Otra perspectiva ecocrítica que nos interesa para nuestro estudio es la de Edwin Camasca (2020:

99), quien concuerda en que la ecocrítica no solo representa la relación entre el ser humano y la naturaleza, también enfatiza que igualmente pretende acercar al hombre a la naturaleza. En este caso, la ecocrítica explora y analiza la personificación que la selva encarna al atribuírsele rasgos y gestos humanos. Esto demuestra, según Camasca (2020: 108), quien también concuerda con Gunnels (2006 :1), la visible superioridad cultural que el hombre impone sobre la naturaleza, lo que Camasca denomina “antropocentrismo” (2020: 101). La ecocrítica busca entonces de revertir este fenómeno y darle visibilidad a la naturaleza, pero evitando la antropomorfización, para poner de relieve su destrucción y proponer elaborar formas de conservación que son elaboradas en la literatura y el arte. A partir de este marco teórico, en el análisis vamos a abordar los dos siguientes aspectos: la descripción del medioambiente a partir de la voz narrativa y en las relaciones entre el ser humano y el medioambiente, teniendo en cuenta los tipos de relaciones que promueven la novela de Rivera y el cuento de Quiroga, hasta qué punto son antropomorfizantes y de qué manera los textos articulan los decires de la selva.

Por último, como ya hemos nombrado, la ecocrítica y sus discursos apuntan a lo que la

Modernidad representa para Latinoamérica; una cadena de procesos que incluyen prácticas y

mentalidades occidentales provenientes de la colonización y de Estados Unidos, influenciando

la sociedad latinoamericana y el medio ambiente, tales como el capitalismo extractivo y la

voluntad de usar recursos para comercio internacional (Heffes, 2021: 125-127). Esta opinión es

compartida por Marcone (2007: 15), quien también concuerda la idea de que Modernidad es un

fenómeno proveniente del capitalismo, y que este ha hasta cierto punto impactado el mundo

ecológico.

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3.3. De la antropomorfización y personificación de la selva a los contagios entre humanos y no humanos

Como expusimos, en este estudio reactualizamos la problemática de interpretación de la selva, o bien como antropomorfización y personificación o bien como una serie de contagios y mutaciones entre humanos y no humanos. En este apartado definiremos estas tres ideas conceptuales para fundamentar nuestra búsqueda analítica.

La novela de la selva, además de ser caracterizada por enfocar su temática en la selva, también busca darle vida y sentimientos de diferentes maneras, y este cometido ha llevado a la crítica a hablar de una antropomorfización y personificación de la selva. Arévalo Viveros (2009: 123- 124) designa la antropomorfización como el proceso de humanización en entidades no humanos, no solamente concediéndole una personalidad, pero también sentimientos y pensamientos que provienen del ser humano. Arévalo Viveros alaga que, en la novela de la selva, este proceso no es adoptado por lo no humano, sino que se trata de una personificación.

El autor explica que personificar los elementos no humanos en una obra es la acción de darle voz a estos personajes (Arévalo Viveros, 2009: 124). Sin embargo, esta voz no se trata de una lengua humana. Podemos entender entonces que, en el caso de la novela de la selva, se trata de una lengua selvática, una lengua única que expresan el suceder de la selva. Arévalo Viveros identifica estos contrastes y los conceptualiza; el decir humano y el decir ecológico (2009: 123).

El decir ecológico está caracterizado por cualquier sonido que la selva reproduzca, lo que quiere decir que los enunciados realizados son únicos de la lengua selvática.

En la crítica de la novela de la selva, este elemento ha sido tema central, pues se argumenta sobre el objetivo verdadero de los escritores de este género y lo esencial que este fenómeno es para comprender este género.

Sin embargo, otras corrientes proponen que, en la novela de la selva, la antropomorfización va más allá. Andermann argumenta que no se trata solamente de dar voz o personalidades a animales o a la selva, sino que marca las características de una "insurrección ambiental"

(Andermann, 2018: 183) de las voces selváticas en las zonas de frontera donde llega el capitalismo moderno. En esas zonas donde los estatutos están en vía de redefinición, ocurren

"contagios y mutaciones" entre especies, y entre humanos y no humanos. El humano se

deshumaniza al mismo tiempo que los animales se ven otorgadas voces en el discurso, se

forman y deshacen alianzas interespecies, se acerca físicamente el hombre de la naturaleza al

mismo tiempo que viene a extraer materias primas. De esa manera, se puede entender como la

voz de una oposición política a la Modernidad extractiva.

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14

4. Material y método

En este apartado explicaremos los métodos y materiales que usaremos para este estudio. El material de análisis de esta investigación son naturalmente las dos obras nombradas, la novela La vorágine de José Eustasio Rivera, y posteriormente analizaremos el cuento “Anaconda” de Horacio Quiroga con enfoque en cómo la voz narrativa representa la selva y cómo puede interpretarse una crítica al choque de la Modernidad. En este apartado, presentamos brevemente en primer lugar, las obras a estudiar, definimos la voz narrativa que es el instrumento de la teoría literaria que usaremos para estructurar las diversas secciones del análisis y por último, definimos cuento y novela que son los géneros a abordar.

En cuanto a las dos obras, “Anaconda” (1921) es un cuento que relata cómo entre las víboras y las culebras de la selva misionera tienen que unir fuerzas con el fin de atacar por todos los medios, aún dando su vida, la nueva instalación de un laboratorio científico en esas selvas.

Mediante las voces de los ofidios, se expresa el desasosiego que, en ellas como parte de la selva, reina frente al peligro que corren sus vidas si no impiden que esta comitiva científica y de exploración se establezca en su casa, la selva misionera. A pesar de la lucha unificada por todas ellas, la única que sobrevive es Anaconda quedando, así como la “aliada” del hombre para luego a través de ella exterminar el resto de las víboras en la selva, pero también es la única que guarda la memoria de lo ocurrido.

“Anaconda” es uno de los tantos cuentos conocidos de Horacio Quiroga, los cuales en su mayoría incluyen la naturaleza, y “Anaconda” no es la excepción. Este cuento es pertinente para nuestra investigación porque en él podemos observar animales típicos de la selva como los personajes principales que son culebras, anacondas y este tipo de reptiles de la región misionera como la víbora yarará. Asimismo, el cuento presenta el choque entre naturaleza y Modernidad que queremos observar puesto que retrata un grupo de hombres citadinos o extranjeros que vienen a la selva junto a un perro inmunizado con el fin de recolectar veneno de las víboras que posteriormente será trasladado a un laboratorio.

La novela La vorágine (1924), por su parte, trata principalmente la interacción entre los

humanos en lo más profundo de las selvas amazónicas y la violencia entre ellos mismos, así

como contra la tierra y las minorías étnicas, por lo que presenta las temáticas que queremos

observar. La novela resalta principalmente la explotación violenta que golpeó la cuenca

amazónica durante el apogeo de la fiebre del caucho alrededor del siglo XX. A través de esta

novela, y como ya hemos mencionado, se retratan y denuncian las catástrofes ambientales que

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el negocio del caucho provocaba, también los abusos hacia los grupos étnicos y comunidades locales, esas condiciones precarias e infrahumanas que los obreros de dichas empresas experimentaban en el corazón de la selva y en el centro de la actividad extractiva.

Una diferencia importante entre La vorágine y “Anaconda” es la voz narrativa. Martinez García define la voz narrativa (Martinez García, 2002: 198) como el papel fundamental en los discursos literarios, dado que se convierte en la herramienta fundamental para el autor en el proceso de la elaboración del discurso que reflejan las obras. De igual manera, se une Molina Fernández (2006: 45) y explica que la voz narrativa es la encargada de hacer navegar al lector dentro de la ficción, a través de los discursos que esta reproduce, y configura así diversas visiones de otros personajes, el medioambiente o los conflictos. En otras palabras, el concepto de la voz narrativa denomina el agente de la enunciación que tiene cierto poder sobre los discursos emitidos.

En particular, Molina Fernández expone dos clases de voces narrativas las cuales concuerdan con “Anaconda” y La vorágine. Tenemos el narrador homodiegético, que se acerca a la voz narrativa en La vorágine, pues este según Molina Fernández, designa a esa voz que relata en primera persona, involucrándose entonces dentro de la trama y tomando también el papel de protagonista. En La vorágine el personaje principal Arturo Cava es el que se apropia entonces de esta voz narrativa homodiegética. A través de esta voz se deja al descubierto lo que ocurre en un rincón selvático de la amazonia, las diversas catástrofes ambientales que sufren no solamente la tierra y los animales, sino también los pueblos indígenas entre ellos los guahibos.

Asimismo, la voz de del cauchero Clemente Silva hace presencia en el mismo estilo, en los episodios donde él relata su relación con la selva y el caucho. Mientras la voz heterodiegética es quien no está involucrado en la trama, y es relatada en tercera persona. Esta variante corresponde justamente con “Anaconda”, pues, aunque a las protagonistas que son las víboras se les asignan voces, es una voz fuera del cuento y de la trama quien narra los sucesos y enmarca los acontecimientos. En este caso tiene la particularidad de ser omnisciente. No obstante, a los reptiles se les otorga el poder narrativo de la trama como personajes de manera homodiegética, lo que les da oportunidad de expresar de manera explícita el descontento por la presencia del humano en la selva. Seguiremos en nuestro análisis las voces tanto la homo como hetero - diegéticas las cuales expresan de manera explícita ese choque entre naturaleza y Modernidad que se refleja en la obra y que queremos iluminar.

Hemos elegido las dos obras porque las dos contienen una temática selvática, las dos son

escritas alrededor de la misma época, una enfoca la interacción entre los animales y mezcla este

enfoque entre la naturaleza y el hombre. En cuanto a la narración, las voces narrativas son

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pertinentes abordarlas, pues es el puente que nos llevará a indagar el encuentro entre naturaleza y Modernidad, lo que analizaremos a través de una selección de escenas extraídas de

“Anaconda” y La vorágine donde se puede observar el fenómeno del encuentro entre Modernidad y la naturaleza selvática y que describimos en el apartado del análisis.

Con respecto a los géneros novela y cuento y la manera en que los abordaremos, queremos resaltar que, según Cortázar (2013: 28-29), el cuento es un género difícil de definir puesto que es elástico y ambiguo, donde nuevas tendencias pueden ser aceptadas. Además, en cuanto al volumen de un cuento, es difícil apuntar la cantidad que un cuento debería tener, pues hay cuentos que se les podrían llamar novelas o mini novelas.

Sin embargo, hay dos claras características globales, con las cuales el cuento cuenta; el tema y la forma. En cuanto el tema, afirma que al menos el cuento moderno, puede tener un amplio número de temas que van desde lo realista hasta lo fantástico. Por otro lado, tenemos la forma o estructura como Cortázar prefiere llamarle, la cual es reflejada por la forma circular o cerrada que el cuento tiene, donde hay un comienzo, una problemática y un final que cierra el relato.

En “Anaconda”, vemos un número limitado de personajes, una problemática y las intenciones de los personajes para solucionar el problema, y un final, el cual muestra el problema resuelto que es el que abarca mayor parte del cuento. La novela, por su parte, se caracteriza (Cortázar, 2013: 29-30) por ser un género abierto la cual cuenta con diversos temas y una polifonía de voces. La novela no necesariamente es circular como el cuento. En ella vemos flexibilidad en cuanto si se debe tener un final corto o si se debe prolongar pues no siempre es necesario tener un final cerrado o circular.

Cortázar (2013: 30) compara estos dos géneros, el cuento y la novela con el cine y la fotografía, donde argumenta que la película podría comparársela con la novela como una expresión que da apertura a varios temas. No obstante, la fotografía, que se compara con el cuento, se basa en tramas limitados, con un número de personajes no tan amplio a comparación de la novela. En La vorágine, vemos que los diversos temas existen; por un lado, temas de amor y desamor, en especial el amor entre Arturo Cova y Alicia. Luego vemos la vida de los campesinos en los llanos y la situación de la población indígena, y posteriormente podemos observar la explotación del caucho en el Amazonas. Por último, podemos también percibir la relación que el personaje principal tiene con la naturaleza.

El análisis se estructura siguiendo los diversos decires de la selva, empezando por su decir

personificado o antropomorfizado, su decir desde las mutaciones y contagios del ser humano y

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en un tercer aspecto, su no-decir o callar, donde la selva enmudece o es enmudecida por la acción humana.

5. Análisis

A continuación, nos dispondremos a analizar de manera minuciosa una selección de episodios de las obras La vorágine y “Anaconda” para iluminar cómo se representan la selva amazónica y misionera a partir de la voz narrativa y cómo puede interpretarse esta representación en el contexto del avance de la Modernidad a partir de teorías ecocríticas. Para ello, vamos a comenzar con el análisis de la novela de Rivera y proseguiremos con el del cuento de Quiroga.

Cabe recordar, que un elemento importante que distingue estas dos obras es la voz narrativa;

La vorágine está narrada por el protagonista que es humano, mientras “Anaconda” está en parte narrada por una tercera voz, que al mismo tiempo involucra a los personajes animales de la trama a tener voz.

5.1. Decires del infierno verde - La selva amazónica en La vorágine

Como ya hemos nombrado, la trama de La vorágine ocurre dentro de las llanuras y la selva colombiana, y está caracterizada por la explotación del caucho en la zona. La novela es narrada en primera persona, y esta voz corresponde al personaje principal de la obra, Arturo Cova, quien deja al descubierto lo que la naturaleza que lo rodea lamenta y experimenta, excepto por la tercera parte cuya narratoria proviene de uno de los caucheros que Arturo Cova encuentra en su trayectoria en la selva.

5.1.1. Sangrar la selva y que la selva lo sangre a uno

En primer lugar, notamos que durante el transcurso de toda la obra La vorágine, la Modernidad

en forma de empresas de caucho forma parte del encuentro con la naturaleza. Esto se muestra

en el hecho de que la trama abarca gran parte de la historia en las caucheras, lo que demuestra

un fenómeno consumista por parte del hombre, quien viene a la selva a explotar la tierra. Esa

relación, de la naturaleza con las empresas caucheras, se acerca de lo que el filósofo argentino

Walter Mignolo (2000) argumenta en Historias locales/diseños globales. Según él, la

modernización occidental ha sido patrocinada en parte por la explotación de los recursos

naturales de las colonias. En el caso de La vorágine, los caucheros participan en el sistema

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mundo, produciendo cauchos para posteriormente alimentar la demanda que globalmente se extiende por la época (French & Heffes, 2021: 125). Contribuyendo además a la violencia no solamente sobre la naturaleza, pero contra los seres humanos de la región; violencia que todavía sigue vigente en la misma región (Rueda, 2003: 56-57).

Queremos destacar en la novela la escena en que la voz narrativa relata la entrada del protagonista al rio Inírida, que también se ubica una zona cauchera, donde se encuentra con un grupo de indígenas:

Cuando entrábamos al Inírida, el mayor de ellos me encareció, en tono mixto de súplica y amenaza: “Déjanos regresar al Orinoco. No remontes estas aguas que son malditas. Arriba, caucherías y guarniciones. Trabajo duro, gente maluca, matan los indios” (Rivera, 1924: 149).

Interpretamos la voz del hombre indígena como un testimonio que nos muestra cómo la Modernidad con todo su aparato (caucherías y guarniciones, trabajo duro, gente maluca, asesinato de indígenas) ingresa a la naturaleza a la fuerza, usando por un lado esclavos para explotar la tierra y, por otro, masacrando a los indígenas de la región a causa de la demanda del caucho. A su vez, vemos al indígena como portavoz de la naturaleza, quien menciona lo que dentro de la humedad verde está ocurriendo, los vejámenes a los que han tenido que enfrentar como consecuencia de la Modernidad. Comprendemos así que la novela, de cierto modo identifica el indígena con la naturaleza.

Esta participación de los caucheros en la actividad cauchera también retrata en la novela una especie de contagio de la violencia entre ser humano y selva:

—mientras el cauchero sangra los árboles, las sanguijuelas lo sangran a él (Rivera, 1924: 161).

En la cita anterior, podemos ver la relación de mutuo intercambio en el contexto de violencia entre el cuerpo del cauchero y el de la selva, y en este sentido, podemos decir que esta representación se aproxima a la idea de contagio y alianza propuesta por Andermann (2018:

182) en su lectura de la literatura de la selva. En ese contexto de llegada del mundo moderno y

capitalista, la frontera no es todavía clara, la naturaleza no está todavía vencida ni disponible

para el uso capitalista, y aparecen relaciones y fenómenos transespecies.

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5.1.2. Del imaginario cultural dual de la selva a su enmudecimiento El imaginario es un componente fundamental y unas de las explicaciones de las acciones del hombre con la naturaleza (Glotfelty, 1996: xix). Existe la concepción de la naturaleza como un ser al que podemos penetrar, que provee recursos naturaleza. Al mismo tiempo nos genera sensación de miedo, incertitud de cómo actuar por miedo a ser atacado si nos encontramos dentro de ella. En La vorágine, la selva parece ser un ser tenebroso y peligroso pero sublime para el protagonista narrador. Esa visión corresponde con lo que Rueda propone con el concepto de infierno verde (2003: 38), lo que no es sorprendente para una novela de la selva como lo hemos visto (3.1).

En este punto, queremos resaltar que, en la segunda parte del libro, Cova se refiere a la selva como una cárcel verde, como vemos en la cita a continuación:

—¡Ah selva, esposa del silencio, madre de la soledad y de la neblina! ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde? Los pabellones de tus ramajes, como inmensa bóveda […] Tú eres la catedral de la pesadumbre. (Rivera, 1924:

117)

En este fragmento, podemos evocar que la relación de la naturaleza y el hombre no solamente se caracteriza por la dinámica entre el enfrentamiento del hombre, una naturaleza hostil y enfurecida, como Rueda lo menciona (2003: 34). También existe un sentimiento de distancia y de mundo desconocido que para el humano la selva representa, como lo es en este caso de la selva que rodea Arturo Cova.

En la cita vemos cómo la voz narrativa construye una idea de la selva como encierro y un lugar tenebroso, lejos de la tranquilidad. No obstante, observamos que, en Cova, existe un sentimiento de interés y admiración por lo que le rodea. El uso de los oxímoros cuando le habla a la naturaleza deja al descubierto esta idea; “cárcel verde”, “pabellones de tus ramajes”, “inmensa bóveda” y “catedral de la pesadumbre”.

El miedo y el desasosiego que Cova expresa rodeado de la naturaleza selvática puede ser

interpretado como símbolo de acercamiento cosmopolita y citadino hacia la naturaleza. De una

perspectiva ecocrítica, analizando como propone Heffes (2014:12) los símbolos que el ser

humano desarrolla hacia la naturaleza en su imaginario parecen ser que la naturaleza es un

desafío a “conquistar”, algo que Cova sabe muy bien que hay que respectarla, no hay que

enojarla, pero paralelamente desea acercarse.

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En adición a este sentimiento de distancia y miedo que el hombre siente hacia la naturaleza, notamos que este miedo evoluciona hasta una situación de enmudecimiento en el hombre con el uso de términos como “soledad”, “silencio” o “catedral”. Se nos ofrece una explicación más adelante:

— […] cualquiera de estos árboles se amansaría, tornándose amistoso y hasta risueño, en un parque, en un camino, en una llanura, donde nadie lo sangrara ni lo persiguiera; mas aquí todos son perversos, o agresivos, o hipnotizantes. En estos silencios, bajo estas sombras, tienen su manera de combatirnos: algo nos asusta, algo nos crispa, algo nos oprime, y viene el mareo de las espesuras, y queremos huir y nos extraviamos, y por esta razón miles de caucheros no volvieron a salir nunca (Rivera, 1924: 208).

En esta escena vemos un diálogo entre Cova y Clemente quien, en una de sus expediciones, explica a Cova lo que se siente al estar en la selva. Lo interpretamos como una reacción de la naturaleza al llegar de la Modernidad. La voz es símbolo humano, y lo humano se ha puesto para ella enemigo, así que silenciar voces es un acto de lucha contra el nuevo orden que se trata instalar. También podemos asociar el silencio con la muerte, la destrucción de la selva, ya que el silencio es la ausencia de movimiento, un paradojo en la selva que esta supuesta ser llena de vida, de ruidos. Por lo tanto, el enmudecimiento es un gesto simbólico fuerte de parte de la naturaleza para señalar su sufrimiento y responder a la violencia física.

Para concluir, en los pasajes analizados de la novela notamos la actitud del hablante hacia la selva como síntoma de la actitud de la sociedad citadina hacia la selva, actitud que contribuye a la visión extractiva y por tanto al ingreso de la maquinaria de la Modernidad en la selva.

También otra variedad de este miedo que se transforma en enmudecimiento como resultado del conflicto entre hombre y naturaleza.

5.1.3. Acercamiento entre ser humano y selva

Con lo que hemos mencionado en el subapartado anterior, Arturo Cova, mediante voces narrativas, expresa paradojas de lo que la naturaleza representa para él, el choque que se produce entre el hombre citadito y la selva y la distancia asociada.

Sin embargo, en este contexto de violencia, también queremos poner de relieve una especie de

acercamiento que sucede entre el humano y la naturaleza, algo que nos muestra que el humano

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no siempre parece tener una posición de guerra con la naturaleza, o más bien que en esta literatura también existe un acercamiento entre ser humano y selva desde el dolor y la vulnerabilidad:

—Señor, diga si mi espalda ha sufrido menos que ese árbol.

Y, levantándome la camisa, le enseñé mis carnes laceradas.

Momentos después, el árbol y yo perpetuamos en la Kodak nuestras heridas, que vertieron para igual amo distintos jugos: siringa y sangre (Rivera, 1924: 180) Este pasaje está narrado por la voz homodiegética de Clemente Silva, un cauchero de la zona que, por desgracias de la vida, termina por caer en este sistema explotador. Clemente confiesa que a su hijo lo han secuestrado y que el destino lo trajo a la selva en busca de su hijo. Sin embargo, paradójicamente, el viejo Clemente cae de manera perversa en ese círculo vicioso del negocio cauchero. En la escena, Clemente habla con un francés explorador de sus calamidades que compara con las de la selva.

Por un lado, nos muestra la complicidad que tienen los árboles explotados con él, donde van de la mano juntos, pero por otro lado vemos una lucha constante que el humano también conlleva en relación con la naturaleza en ese lugar. Podemos analizar esa relación como el reflejo de dos concepciones diferentes de la naturaleza, armonía versus utilitarismo, como Camasca lo identifica (2020: 102). Primero la armonía entre humano y naturaleza; aquí el cauchero empieza a identificarse con la naturaleza gracias a sus destinos comunes y dolores compartidos.

Segundo, la fuerza utilitaria que al mismo tiempo este siente hacia ella por su trabajo, ya que él mismo adopta el papel de explotador represente de la modernidad explotadora.

Este destino y sufrimiento común podrían vislumbrar a un acercamiento más fuerte, una alianza entre los oprimidos, pero el texto no llega hasta allá, sino que parecen condenados a luchar uno contra el otro sin beneficio ninguno.

Mientras le ciño al tronco goteando el tallo acanalado del caraná, para que corra hacia la tazuela su llanto trágico, la nube de mosquitos que lo defiende chupa mi sangre y el vaho de los bosques me nubla los ojos.

—Así el árbol y yo, con tormento vario, ¡somos lacrimatorios ante la muerte y nos combatiremos hasta sucumbir!

[…]

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¿Por qué no ruge toda la selva y nos aplasta como a reptiles para castigar la explotación vil? ¡Aquí no siento tristeza sino desesperación! ¡Quisiera tener con quién conspirar! ¡Quisiera librar la batalla de las especies, morir en los cataclismos, ver invertidas las fuerzas cósmicas! (Rivera, 1924: 204).

En ese monólogo, el cauchero manifiesta su deseo de tal alianza. Sin embargo, en La vorágine, la selva no tiene suficiente voz para unirse a la lucha. A la selva le hablan, pero la situación narrativa no le permite responder o actuar como personaje.

Esta situación es diferente en el siguiente apartado con el cuento de “Anaconda”, pues en él, la naturaleza si toma una retórica explícita para expresar sus sentimientos.

5.2. Alianzas viperinas - El caso de la selva misionera en

“Anaconda”

Como expusimos, “Anaconda” (1921) relata la historia de un grupo de víboras y culebras en la selva misionera. El cuento está conformado mayoritariamente por la unión y cooperación de los protagonistas de la trama a pesar de sus diferencias. Está unión nace a raíz del descubrimiento de la presencia del hombre y al tomar consciencia del peligro que representa.

Los hombres son científicos quienes tienen como objetivo; instalar un laboratorio donde planean extraer veneno de los reptiles de la zona con el propósito de inmunizar los hombres contra el venero de las víboras selváticas (Andermann, 2018: 186). A diferencia de La vorágine, que se caracteriza por la explotación de la naturaleza con fines de comercio, la Modernidad en

“Anaconda” se manifiesta por otras causas; la instalación del laboratorio del Instituto de Seroterapia con fines científicos, donde las serpientes serian el blanco principal.

5.2.1. Personificación o antropomorfización en la selva misionera

Los animales de “Anaconda” hablan, se manifiestan y reaccionan verbalmente, al mismo

tiempo que organizan un Congreso sindical para oponerse a los visitantes humanos. En este

apartado nos interesa analizar como esta comunicación se desarrolla, si lo hacen a través de una

lengua selvática como hemos mencionado con los sonidos de la selva desde una semiosis no-

humana, o si lo hacen como personajes antropomorfos.

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En este pasaje del cuento, vemos a Cruzada, la víbora que cae en cautiverio, dialogando con Hamadrías, una cobra quien también se encuentra a manos del hombre. Hamadrías expresa su disgusto con los hombres que la tienen sujetada a tal situación:

— […] Llevo año y medio encerrada en una jaula como si fuera una rata, maltratada, torturada periódicamente. Y, lo que es peor, despreciada, manejada como un trapo por viles hombres... Y yo, que tengo valor, fuerza y veneno suficientes para concluir con todos ellos, estoy condenada a entregar mi veneno para la preparación de sueros antivenenosos. ¡No te puedes dar cuenta de lo que esto supone para mi orgullo! ¿Me entiendes? -concluyó mirando en los ojos a la yarará. (1921: 12-13)

Tenemos en este pasaje varias características de antropomorfización. Recordemos que Arévalo Viveros (Arévalo Viveros, 2009: 123) alega que la antropomorfización conlleva sentimientos y lenguaje más bien humanas, y no propias de la selva. En el pasaje citado, Hamadrías adopta sentimientos humanos como el orgullo y el desprecio, y tiene su personalidad propia.

Al mismo tiempo, se puede entender ese diálogo como una expresión del lenguaje de la selva misma. Dichas expresiones que relatan el sufrimiento a la que la selva se ha visto enfrentada por el hombre, así como la serpiente misma. Tal aspecto, la toma del papel de portavoz, lo podríamos comparar con el caso del indígena de La vorágine quien habla por la selva, así mismo podemos decir que en el caso de “Anaconda”, las serpientes adoptan el papel de hablar en defensa de la selva.

Podemos también observar otra expresión del descontento en “Anaconda” a través de descripciones de la voz narrativa heterodiegética. En la escena a continuación apreciaremos esta variedad que es manifestada mediante acciones no verbales. En el momento de los acontecimientos Hamadrías y Cruzada quienes, en cautiverio, atacan a uno de los hombres que colaboran con esta encarcelación con el fin de huir del lugar:

Y arrastrándose en un supremo esfuerzo, tendió adelante los blanquísimos

colmillos. El peón, al sentir su pie descalzo abrasado por los dientes de la

yarará, lanzó un grito y bailó. No mucho; pero lo suficiente para que el

cuerpo colgante de la cobra real oscilara y alcanzase a la pata de la mesa,

donde se arrolló velozmente. Y con ese punto de apoyo, arrancó su cabeza

de entre las manos del peón y fue a clavar hasta la raíz los colmillos en la

muñeca izquierda del hombre de lentes negros, justamente en una vena

(Quiroga, 1921:14).

Figur

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